La Economía del Conocimiento y los monopolios naturales

 

Hace mucho, mucho tiempo, en las Facultades de Económicas se enseñaba el concepto de monopolio natural. Y se decía que era aquél que tenía lugar cuando las empresas producían con Rendimientos Crecientes de Escala, lo que daba origen a costes marginales y medios decrecientes -los primeros por debajo de los segundos-, haciendo imposible igualar el coste marginal al ingreso marginal, es decir, obtener el equilibrio de la empresa maximizadora de beneficios, soporte del modelo económico ortodoxo. Los monopolios naturales justificaban la intervención del estado con el objeto de regular estas situaciones y fijar los precios, como ocurrió en la España franquista con los monopolios de Telefónica o Campsa, cuya misión era proteger los intereses de los consumidores. Con la llegada de la democracia, la entrada en la Unión Europea y, sobretodo, la preponderancia de la corriente más ultraliberal/desreguladora en Economía, los monopolios naturales fueron erradicándose no sólo de la sociedad, sino incluso de los manuales de Teoría Económica.

Las TICs han cambiado el mundo. Los bienes de la información son una auténtica revolución y, aunque muchos colegas todavía no puedan verlo, suponen un cambio radical del paradigma económico que devuelve a primer plano a los monopolios naturales. Para comprobarlo clasifiquemos a los bienes atendiendo a dos características: exclusividad, es decir, la capacidad de excluir de su consumo a individuos; y rivalidad, o si el consumo de unos individuos impide el que otros también consuman ese bien. El siguiente cuadro resume las cuatro posibilidades y la tipología de bienes a los que da lugar:

EXCLUSIVIDAD
SI NO
RIVALIDAD SI Bienes PRIVADOS Bienes COMUNES
NO MONOPOLIOS NATURALES Bienes PÚBLICOS

 

De las cuatro opciones la Teoría Económica ortodoxa solo puede explicar cómo se comportan los individuos y las empresas cuando se enfrentan única y exclusivamente al primer grupo, los bienes privados, que son excluibles vía precios, y cuyo consumo es rival, en el sentido de que si yo me como una manzana nadie más puede comerse esa misma. Por su parte, los bienes públicos, como el aire o los océanos, no excluibles/no rivales al menos teóricamente, son tratados oficialmente como externalidades y se les presta escaso interés desde las corrientes más ortodoxas.

Los bienes comunes, no excluibles pero rivales, han recibido bastante más atención, especialmente desde el trabajo de Garret Hardin de 1968 la tragedia de los comunes y los estudios posteriores de Elinor Ostrom que condujeron a su premio Nobel en 2009. No nos extenderemos en su análisis aquí porque el Instituto de Estudios Fiscales ha tenido la gentileza de pagarnos por hacerlo. De todas formas, destacar que este tipo de bienes también tienen una relación muy directa con los bienes de la información y la Economía del Conocimiento surgida tras la revolución de las TICS.

Los monopolios naturales, como se deduce del cuadro, producen bienes que permiten la exclusión de consumidores a través del precio y son, al mismo tiempo, no rivales. Piense por ejemplo en el wifi, en los desarrollos de software, en empresas tipo Spotify, etc. Podemos excluir a alguien de utilizar el wifi, un programa concreto o de escuchar una canción poniendo una contraseña para que deba pagar por el acceso, pero al mismo tiempo ¿cuánto le cuesta a la empresa que suministra el wifi, que ha desarrollado el programa o que comercializa canciones el que se conecte un nuevo consumidor? Prácticamente nada (estrictamente diríamos que marginalmente su coste tiende a cero).

Así que hemos cerrado el círculo dentro de la Economía del Conocimiento: la base de los negocios que producen bienes de información es un monopolio natural; la economía tradicional no puede dar una solución ortodoxa de equilibrio a los mercados en los que se producen este tipo de bienes; y por ello obliga a las autoridades a intervenir en su funcionamiento para que las empresas que los producen no abusen de ese poder de monopolio. De cómo lo hagan dependerá el bienestar de la sociedad.

Esta es una de las áreas de trabajo de nuestro grupo de investigación.

© José L. Calvo, 2017

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