Economía disruptiva (Disrupt or Die)

disrupción

Del ingl. disruption, y este del lat. disruptio, -ōnis, var. de diruptio, -ōnis ‘rotura, fractura’.

  1. Rotura o interrupción brusca.

“No puedes cambiar el mundo siendo obediente”

Joi Ito, Director of the MIT Media Lab.

 El concepto de disrupción surge del ámbito de la innovación y es justo por eso que es aplicable a cualquiera de sus áreas. Su origen parte del concepto de destrucción creativa de Werner Sombat y que popularizó Joseph Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia (1942). Nada nuevo hasta el momento, pues Schumpeter ya planteaba la destrucción creativa como el concepto de innovación que se produce dentro de una economía de mercado por el cual son las innovaciones el motor del crecimiento a costa de viejos modelos de negocio, destruyendo empresas tradicionales y creando nuevas que las sustituyen. Este concepto no es generalizable a cualquier tipo de innovación sino sólo a aquella que supone una ruptura (disrupción) o un cambio de paradigma. En el ámbito de la economía la disrupción se puede enfocar en dos ámbitos, el primero y más visible es el cambio en los modelos de negocio, los modelos productivos y las relaciones entre los agentes económicos; el segundo y que es el de mayor interés en el ámbito académico se refiere a los cambios en las ideas económicas.

Sobre el primer aspecto y para entender la disrupción en todo el ecosistema económico, destacar que la utilización masiva de internet, el acceso a la información, la mejora en las comunicaciones, la interactividad entre particulares y las tecnologías aplicadas en dichos entornos han permitido una serie de cambios que de forma silenciosa se han introducido en nuestras vidas mejorando tanto el acceso a productos, como la forma de consumirlos o disfrutarlos. Así, dos ejemplos pioneros de disruptores tecnológicos son Ebay o Amazon, ejemplos más recientes pueden ser Airbnb o Uber, ambos generando polémicas y rompiendo con el estatus quo de sus sectores. Menos visibles son las disrupciones en la logística o la gestión de las emociones de compra que tan buenos resultados les ha dado a Inditex o H&M, siendo uno de los ejemplos más claros la utilización del llamado marketing de la escasez (o cómo gestionar el sentimiento de escasez) “si veo algo que me gusta lo tengo que comprar YA pues igual la semana que viene ya no esté”, rompiendo con los paradigmas clásicos de la venta retail y terminando con conceptos tan arraigados como las rebajas y otros métodos de estímulo al consumo del siglo pasado.

Pero en el ámbito académico, lo que realmente nos interesa es el debate sobre qué es innovación en Economía, qué consideramos como generación de valor en la I+D+i de las Ciencias Económicas y en este aspecto yo también voy a ser disruptivo, evidenciando que hay dos corrientes, la investigación básica tradicional que supone seguir evolucionando aspectos económicos que devienen de mediados del siglo pasado, con avances marginales cada vez más escasos y complejos o por el contrario el planteamiento de propuestas arriesgadas, desobedientes, heterodoxas, pero estimulantes. Así, hay términos que hasta hace poco eran novedosos como la economía circular, el internet de las cosas, el consumo colaborativo, que ya son ampliamente aceptados.

Pero… ¿y estos otros términos?

La sociedad de coste marginal cero” propuesta por Jeremy Rifkin, o la economía auténticamente regenerativa, con mención especial a fenómenos como el upcycling (término acuñado recientemente, también conocido como supra-reciclaje, que consiste en aprovechar materiales reciclables para desarrollar productos que tienen un valor mayor que el que tenía el material original), la minería urbana o la logística reversa. Mención especial tendría en este ámbito el concepto de la gestión de la abundancia de Ken Webster, que rompe con la vieja definición que se ve en los cursos introductorios de Economía sobre que es la ciencia que estudia la gestión de recursos escasos, planteada en 1932 por Robbins y base de la visión neoclásica de la misma.

¿Qué aportan estas visiones disruptivas de la economía?, pues el planteamiento de escenarios no tan futuros como el que cada vez se compren menos productos y se adquieran más servicios. Ejemplos ya visibles son Car2go o Emov, en el ámbito de la movilidad urbana o Spotify en el ámbito de la música. El desarrollo tan exponencial de la conectividad en los últimos años ha hecho que se empiece a generar un mix entre el viejo capitalismo y el procomún colaborativo, de nuevo los dos modelos en el sector del transporte. Así, una frase coloquial y que se puede escuchar fácilmente hoy en día como: me voy de fin de semana a Asturias, cojo un Alsa o voy en BlaBlacar…  supone mucho más de lo que la persona que lo expresa cree, ya que lo que realmente está haciendo es eligiendo entre dos modelos económicos que están obligados a entenderse a lo largo del siglo XXI, que son el modelo Capitalista desarrollado en el siglo XX y perfectamente adaptado al ecosistema de dicho siglo y el modelo Procomún Colaborativo que se está desarrollando en el siglo XXI gracias a los avances tecnológicos y a la hiperconectividad actual.

© Pedro G. Cortiñas, Cristina Sánchez Figueroa 2017

 

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